miércoles, febrero 01, 2006

El medio natural y humano: ¿habra futuro?

Nota publicado en el Periodico 15 de la Universidad Autónoma de Bucaramanga en diciembre 2005.

Según un informe reciente de la Organización Metereológica Mundial (OMM), los desastres “naturales” ocurridos durante el último año dejan 350.000 muertos y pérdidas por 200 mil millones de dólares. Se teme que estos desastres se agraven en el futuro, si las tendencias no cambian. Muchos colombianos –según una encuesta publicada en la prensa nacional- atribuyeron estos eventos a la “ira divina”. Sin embargo, un análisis somero permite confirmar que todas estas tragedias son más bien fruto de la imprevisión o la codicia humana.

Algunos de los eventos catastróficos fueron ocasionados por terremotos marinos, como el que ocasionó el pavoroso 'tsunami' (ola gigante) que devastó el sudeste asiático. Otros temblores ocurrieron en tierra firme, como el de Pakistán. Ahora, el impacto de los terremotos se ve multiplicado por la construcción de edificaciones en zonas riesgosas. La mayoría de los muertos no los produce el evento sísmico; son el resultado de la ocupación irresponsable de los suelos.

En este sentido, existen en Bucaramanga miles de viviendas localizadas en terrenos no aptos para construcción. Si las viviendas se caen solas en la actualidad, el lector podrá imaginarse lo que ocurrirá el día que ocurra un evento sísmico importante en la ciudad. En las zonas costeras ocurre algo similar, desde hace muchos años se ha advertido sobre la situación de riesgo en que se encuentran los habitantes de Tumaco, que podrían ser borrados del mapa por un tsunami.

Otros fenómenos inquietantes son los relacionados con los cambios de clima. El año 2005 es el que más tormentas tropicales y huracanes ha registrado. En la memoria de todos esta presente la tragedia de Nueva Orleáns. Este ha sido igualmente el segundo año más caluroso y algunos investigadores creen que hay una relación entre el calentamiento y los huracanes y tornados. Thomas R. Knutson, de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos concluye: “es inevitable el progresivo aumento en la fuerza e intensidad de los huracanes”. Lo inquietante es que los huracanes e inundaciones son sólo un abrebocas de las inimaginables catástrofes que podrían ocurrir (allá y aquí) si no se endereza el rumbo.

Colombia no ha escapado a los fenómenos relacionados con los cambios climáticos. Así, en febrero (mes tradicionalmente seco) Girón experimentó una de las inundaciones más graves de su historia. Por supuesto que el desastre no fue ocasionado solo por el imprevisto aguacero, el caso se complicó por el deficiente manejo dado a la cuenca del río de Oro, donde se permitió la construcción en sitios no aptos para tales fines, en abierta violación a normas legales existentes desde hace 30 años. Es un problema nacional, como se ha visto en las dramáticas inundaciones ocurridas en todo el país.

Un patrón común en la mayoría de los casos es que los afectados son los pobres, que se han multiplicado en este gobierno. ¿Es la “naturaleza” selectiva y sólo golpea a los más necesitados? ¿O será que vivimos en una sociedad que pretende erradicar la pobreza eliminando físicamente a los que menos tienen?

Desde los años 70 está claro que la inmensa mayoría de los problemas reseñados están relacionados con el antimodelo neoliberal que impulsan mandatarios de Estados Unidos, como mister Bush, que se opone al Convenio de Kyoto y similares. No sobra recordar que un estrecho aliado de Bush es mister Uribe. El mismo que apoyó la sangrienta invasión de Irak, que acabó con el Ministerio de Medio Ambiente en Colombia, que pretende fumigar los parques nacionales y que está impulsando cuestionadas reformas a la legislación ambiental.

Si el amable lector ya decidió reelegir al presidente Uribe, un feroz contradictor del desarrollo sostenible, está en todo su derecho. Pero si la pobreza y las tragedias ambientales continúan agravándose, no le echemos la culpa a Dios o al pobre diablo. Aceptemos nuestra responsabilidad en el agravamiento de la crisis, es lo menos que podemos hacer.



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