viernes, mayo 18, 2012

La gente necesita empleo digno, no limosnas

Publicado en Vanguardia Liberal en mayo 2 de 2012


En unos días entrará en vigencia el TLC con Estados Unidos y la mayoría de los empresarios afectados no están nada contentos. El presidente de la federación de ganaderos, por ejemplo, advirtió: “A Colombia le va a ir muy mal con el TLC con Estados Unidos y le irá peor con el de la Unión Europea”. El señor Felix Lafaurie señala que los más golpeados serán los pequeños ganaderos (la gran mayoría): “Más de 300 mil terminarán quebrados”. De todos los productores de leche y ganado dependen “casi un millón de personas”. ¿Un tratado para quebrar a miles de productores nacionales? ¿Tiene esto algún sentido?


Los ganaderos tienen la razón de estar preocupados, lástima que sus líderes no lo advirtieron antes. En el gobierno anterior, cuando se cocinó este TLC, no cesaban de aplaudir a Álvaro Uribe. Curioso que un gran ganadero –como Uribe- suscribiera un acuerdo que prácticamente acabará con los pequeños ganaderos, que hacen parte de su gremio.


No solo los ganaderos serán afectados, otros productores nacionales han manifestado su inquietud. El Gobierno les da la razón, pues anunció: “Se ha previsto duplicar los recursos para apoyar a los sectores afectados por el TLC”. Obama, por su parte, afirmó que el TLC generará “miles de empleos en Estados Unidos”. Allá, hay que resaltar, no aquí.


Ahora, el problema no empezó con el gobierno pasado (solo se agudizó), sino que se remonta a los años noventa, con la famosa apertura económica. Desde entonces muchos productores se han quebrado y poco a poco la producción nacional ha sido desplazada por la foránea.


Lo anterior solo puede traducirse en más desempleo y más “empleo” informal, la gente desesperada se rebusca vendiendo chucherías. En el mejor de los casos, ya que otros caen en las garras de la delincuencia o las bandas armadas. Como “soluciones”, los gobiernos caen en medidas represivas o populistas-asistencialistas que no solucionan nada en el fondo.


Hay que reconocer que el presidente Santos ha mejorado muchas cosas con relación con el gobierno anterior. Por lo menos terminó la pelotera con los vecinos y los jueces. También acabó el compadrazgo con ilustres miembros de la narcoparapolítica. Sin embargo, el antimodelo de desarrollo (depredador de la producción nacional y del ambiente) que ha seguido el país en las últimas décadas se mantiene prácticamente intacto.

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