domingo, junio 11, 2006

Otro triunfo de la abstención

Columna publicada en Vanguardia Liberal en mayo 31 de 2006

Pronosticaba Antonio Caballero en su columna de Semana, antes de las elecciones: “Mucha gente va a votar para reelegir a Álvaro Uribe como votó por los uribistas del Congreso: bajo amenazas. Otros van a votar porque son electores amarrados del clientelismo tradicional. Otros más porque han sido los beneficiarios directos de este gobierno y necesitan que Uribe repita para consolidar su posición económica y política: los paramilitares que no han entregado sus armas ni piensan entregarlas, no han devuelto sus fortunas robadas ni piensan devolverlas. No han desmantelado sus siembras ni sus tráficos de drogas ni piensan desmantelarlos. Todo eso constituye el núcleo duro del uribismo, y en la semana que falta no va a cambiar su intención de voto, ni lo haría aunque saltaran más escándalos. Porque esos escándalos se refieren precisamente a ese núcleo. Para los uribistas no son escandalosos: son su propio modus vivendi, y quieren mantenerlo”.

No estoy del todo de acuerdo con el periodista, me parece que también hacen parte de ese núcleo muchas personas que creen de buena fe que el reelecto está conduciendo al país por el buen camino. Lo creen a pesar de los informes negativos sobre inseguridad urbana, pobreza, empleo, vivienda, desplazamiento, deterioro ambiental y educación. A pesar de la bochornosa entrega total a los gringos y de los incontables escándalos en diferentes entidades oficiales. De estos, lo más aterrador es la penetración de las mafias en instituciones bajo el mando directo de Uribe; ya se conoce lo del DAS, pero lo de Jamundí puede ser más grave.

Cuando les comento lo anterior a mis amigos uribistas de buena fe, siempre me dicen: “imposible que seamos millones los equivocados”. Siempre les respondo: millones se equivocaron con Fujimori o en Estados Unidos con Bush, reelegido a pesar de sus frecuentes metidas de pata.

Hay que reiterar que no fue la mayoría la que reeligió a Uribe, es más preciso decir que los uribismos son las minorías que –sumadas- lograron más votos. Uribe sacó menos de 7.4 millones de un potencial de 26.7 millones, es decir, el 27.5% de los que pueden votar. Esto significa que más de 19 millones no lo apoyaron y los abstencionistas fueron unos 14.7 millones (55 % de abstención, el doble de su votación), ésta continúa siendo la verdadera mayoría.

Y éste es el reto del Polo Democrático Alternativo, que se consolida como la segunda fuerza política del país: ¿Cómo llegar a esas mayorías incrédulas? El candidato Carlos Gaviria, quien realizó una histórica proeza electoral, ha señalado que lo saludable para la democracia es mantenerse en la oposición y esto implica el rechazo a la burocracia oficial. Algo que muchos no resistirán, como se vio en Santander tras la última elección al Congreso. Decantar el proceso de unión, reglas de juego claras y mucha educación política, son algunos de los aspectos sobre los que habría que trabajar para la consolidación del PDA, sobre todo en el ámbito regional.

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